sábado, 28 de marzo de 2026
LOS DOMINGOS
martes, 24 de junio de 2025
SAN ISIDRO 2025: LA FERIA DE MORANTE
En realidad, fueron ocho. Los dos primeros como un presagio de los olés roncos que vendrían después, la seña de la identidad eterna de las Ventas para saludar el acontecimiento del toreo clásico y reunido, en el sitio y sin perder un paso, con la sencillez de quien pasa por allí y se entretiene en explicar al público que habitualmente aplaude lo accesorio, la belleza de la verdad resumida en una media.
Que Morante estaba bendecido aquella tarde se vio cuando improvisó el quite del vasito de plata, genialidad a cuerpo limpio para recortar al toro que apuraba a su peón, sin derramar una gota del cáliz. Se veía al cigarrero con ganas de empezar a torear cuanto antes, el pronto y en la mano de Chenel como antídoto contra el tostón de las faenas sin medida. Si un torero no es capaz de revelar en veinte pases el mensaje que trae a la plaza, es que no tiene nada que decir. Morante dio pocos más y comenzó la lección doblándose en las tablas del nueve, meciendo al toro de Garcigrande en muletazos tersos que buscaban abrir los caminos de una embestida que hasta entonces había sido huidiza y por momentos claudicante, y conducirla hasta la prueba de fuego del trincherazo final. La serie con la derecha que inauguró el toreo fundamental se construyó con la naturalidad de los elegidos, cuatro muletazos que parecieron uno solo, tal fue el encaje y la armonía que guio la obra dibujada en el sitio exacto donde reside la gloria. Morante torea en unos terrenos que ahora mismo nadie pisa y manda a los toros al límite del ceñimiento. Entre el recital de derechazos, cambios de mano y trincherillas, se erigió una serie única de naturales extraordinarios en los que sacrificó la ligazón, como si el estado de gracia que movía la tela necesitara un respiro entre pase y pase para degustar mejor la plenitud y los ayudados por bajo, el pase de la firma y el molinete invertido, fueran el remate necesario y refrescante para sobrevivir a tanta intensidad.
La faena a Seminarista fue la mejor que han visto las Ventas en los veintiocho años de alternativa del sevillano, tantas veces perdido en esta plaza entre retazos inconclusos, obsesiones con las condiciones del ruedo y críticas al toro de Madrid que, al parecer, ahora sí cabe en su muleta. Una labor tan inspirada que en otros tiempos menos reglamentistas, hubiera bastado para que se llevaran a Morante por la puerta grande, al margen de las orejas que pospuso el descabello. La faena obró en la tarde un efecto devastador sobre las víctimas que cometieron la imprudencia de compartir cartel con el toreo puro, sobre Talavante especialmente, convertido en una sombra que paseaba por el ruedo arrastrando la memoria de la faena triunfal que abrió el ciclo, mera bisutería preciosista incapaz de soportar la comparación con la obra maestra que acababa de presenciar. La devastación se extendió al resto de la feria, relegando al olvido a los toreros de su generación que resisten en el escalafón al amparo del medio toro flojo y dócil, a los diestros mecanizados de la generación siguiente fabricados en serie por las escuelas taurinas, a los epígonos del negociado del arte, perdidos en la melancolía inútil de la confrontación con el modelo original. La actuación de Morante en la corrida de la Beneficencia anduvo por debajo del acontecimiento previo y su mayor mérito fue la inteligencia del torero para aprovechar el viento a su favor y reunir los fragmentos de autenticidad de la tarde, hasta conducirlos a la tierra prometida de la calle de Alcalá con el salvoconducto de tres naturales inmensos a un toro impresentable de Juan Pedro que en otro momento solo hubiera merecido la faena de aliño habitual. El triunfalismo de los jóvenes se adueñó del escenario para izar al ídolo sobre su fervor de botellón y “vivaespañas”, y entre los tonos pastel de las camisas de marca emergía una figura azabache como de otro tiempo, un Gallito improbable a lomos de una ficción.
Desde la andanada se asistía al suceso con la alegría que proporciona contemplar el anacronismo de un torero vestido de siglo diecinueve paralizando la vida capitalina de un domingo por la tarde, hasta que la policía montada de Urtasun suspendió la ensoñación para que la calzada recuperara su acostumbrada mediocridad. La imagen de un artista elevado a la categoría de héroe por los veinteañeros de esta época sin más referentes que los “streamers” que los aleccionan, nos trajo el recuerdo del aficionado ignorante que fuimos, representado en la masa que aclamaba a Morante camino de la puerta grande como lo hubiera hecho con Perera, Castella, Rufo o Adrián si hubieran culminado con la espada sus trasteos ayunos de enjundia, como lo hizo siete días después con Borja Jiménez, por una faena efectista a un toro obediente de Victorino. Es difícil que el hedonismo que orienta sus instintos les permita distinguir entre la pureza y el engaño, entre la hondura y la superficialidad pero también es probable que alguno de ellos transite por el camino del tiempo alcanzando la madurez suficiente para dejar de preferir una danza banal ante un animal bobo a las faenas de poder frente al toro de respeto.
Quizá tengan que esperar a que la vida haya dejado en ellos el poso de dolor necesario para apreciar la otra feria, el reverso de la tauromaquia incruenta que atesta los tendidos de un público festivo, las tardes en que la emoción vuelve a la piedra y disuelve el tedio cuando el toro recupera su condición de fiera y su casta exige toreros sin duende que arriesgan la vida apenas por los gastos, romanes que exponen los muslos partidos a las embestidas inciertas, damianes y robleños que no han visto un Domecq ni en las fotografías. Y lidiadores ultramarinos que vienen a la madre patria a reivindicar la fiesta proscrita en su tierra y se abrazan a su oportunidad en la periferia del sistema, tal Diego San Román sorteando gañafones como balaceras de Querétaro o Juan de Castilla conviviendo con las tarascadas de un toro de Dolores como con los sicarios del narco que poblaron su infancia en Medellín.
El culto al meritoriaje en la fiesta siempre ha permitido que las figuras del toreo escogieran las mejores ganaderías a cambio de la excelencia en su propuesta artística. A José Tomás no se le exigía que matara barrabases. La feria ha sido un desierto de monotonía del que sólo nos redimió Morante. Si haciendo honor a su fama de alunado se hubiera retirado tras otorgar la bendición a sus fieles desde la balconada del Wellington, podría haber dicho, como el Guerra, después de mí, “naide”, y después de “naide”, Uceda Leal, que estando ya de vuelta de todo aún dio una lección de torería ante un toro de la Quinta. Acaso la actuación sentida y asentada de Fortes que contemplé desde el tamiz enaltecedor de las cámaras de teleayuso fuera otro de los sucesos del ciclo, siempre que no se tuviera en cuenta el factor corrector de la perspectiva de los compañeros de abono que desde el altozano de la andanada son capaces de desmontar los mitos televisivos con la misma efectividad que los informes de la UCO arruinan la reputación de los felones. Algo de eso debió pasarle a Roca Rey, que se empeñó en destrozar el aura que lo acompañaba desde su aparición en Tardes de soledad, el documental que al parecer le ha arrebatado el alma, tal fue el derroche de vulgaridad desplegado en su trámite isidril.
El toro más bravo de la feria, Brigadier, de Pedraza de Yeltes, que midió su bravura en tres puyazos cobrados arrancándose de largo y recrecido en el castigo, no ha sido mencionado en ninguno de los premios oficiales del establishment taurino, interesado en promover el otro toro que permite el mantenimiento del tinglado, el exclusivamente fabricado para la faena de muleta, el que prodiga embestidas ordenadas, no suelta la cara y en lugar de acometer, ofrece inercias. En cuanto a la ganadería más completa, habiendo asistido a las corridas de la Quinta, Escolar, Pedraza y Fuente Ymbro, los jurados han preferido prevaricar distinguiendo a la ganadería de Jandilla. Vale.
viernes, 14 de marzo de 2025
TARDES DE SOLEDAD
jueves, 7 de abril de 2022
EL REENCUENTRO
viernes, 10 de diciembre de 2021
CUENCULTURA
sábado, 28 de agosto de 2021
LA ALCALDADA
sábado, 15 de mayo de 2021
EL SIMULACRO
Aunque en cada
época, para defender su pureza, los cronistas taurinos proclamaron siempre el
declive de la fiesta que les tocó vivir, nunca como ahora la tauromaquia está
siendo reducida a la condición de simulacro entre el regocijo de sus
detractores y la condescendencia de los partidarios. El mal hunde sus raíces
mucho tiempo antes de que la pandemia pusiera patas arriba el planeta de los
toros. Esa triste decadencia que ya habían traído a la fiesta la creciente
docilidad del toro y el planteamiento ventajista del toreo, había convertido el
combate atávico entre el hombre y el animal en un espectáculo incruento y banal
en la mayoría de las lides, a tono con el infantilismo reinante en una sociedad
que tras el virus y el cambio en las costumbres que sin duda traerá, se
convertirá en un escenario poco propicio para albergar la grandeza de la lidia
de reses bravas.
Llega San Isidro y la plaza de toros más importante del mundo, la que siempre actuó como reducto último de la seriedad del rito, la cátedra del toro íntegro, el aficionado pétreo y el triunfo verdadero, permanece cerrada tras el trampantojo del dos de mayo, la gris pantomima organizada de espaldas al abono de Las Ventas, festejo menor para vestir de oropeles el reclamo electoral. Mientras tanto en Vistalegre, se desarrolla estos días otro simulacro, la isidrada de las figuras instaladas y el toro cómodo, la del cielo abolido y el público ausente, en la que no se distinguen las voces de los ecos y el toreo se asfixia ofreciendo una imagen de oficio terminal.
En un tiempo en el
que ha devenido anacrónico lo que siempre fue natural y la entronización de
principios espurios amenaza la pervivencia de este arte único, resulta imperdonable
que la lamentable gestión administrativa de los asuntos taurinos no se vea
contestada por una iniciativa empresarial valiente que abra Las Ventas de par
en par, y apurando los porcentajes de aforo permitido, eludiendo los cachés
elevados de las figuras y las ganaderías del monopolio, acartele toreros
emergentes con encastes alternativos, liderando la reconstrucción de la ruina como
espejo en el que puedan reflejarse el resto de las plazas. Por el contrario, dirigir
la mirada a los lugares señeros de la temporada taurina es un viaje sin
retorno a la desolación. La feria de abril sevillana se trasladó al incierto
territorio de septiembre, en donde sabe Dios cómo estaremos dado que la
fiabilidad de Sánchez pronostica la inmunidad de grupo para esas fechas. Valencia ni está ni se la espera. Pamplona suspende San Fermín por segundo año
consecutivo y habrá que ponerse en lo peor para afrontar la regeneración del
abono de Bilbao en el curso que viene cuando quizá ya no quede nada por
rescatar.
Con estos bueyes hay que arar y tal vez Miguel Abellán se encomendó al santo pensando que, como en el milagro, los bueyes labrarían solos la tierra prometida de la nueva normalidad taurina. En el peor de los momentos, el futuro de la fiesta en Madrid descansa en las peores manos, las de quien ha consentido la ausencia de los toros en Las Ventas durante diecinueve meses mientras se celebraban en la comunidad otros eventos bajo techo y ahora no ha sido capaz de devolver San Isidro a su escenario legítimo, contemplando indiferente cómo su versión espuria se marchita confinada en un polideportivo.
Se nos va la vida en medio de tanta incompetencia, la afición no, porque basta revisitar una película antigua para que el corazón recuerde la costumbre de vibrar cuando en el ruedo venteño se paraba el tiempo y se ponía en escena la lucha entre un animal encastado que puede matar y un hombre que se impone a la fiera embestida exponiendo su vida en el empeño. Dos ferias al limbo sin poder asistir a ese milagro.
viernes, 30 de abril de 2021
NOMADLAND
Cuarenta años
después de aquella fiebre, preferimos encadenar los capítulos de una serie
desde la fila cero del sofá, pero de vez en cuando brotan gemas que provocan la
emoción de antaño y sobresalen entre el panorama anodino del cine actual. La de
este año es “Nomadland”, película cuya nominación hubiera sido imposible en ese
futuro de diversidad en el que la Academia de Hollywood impedirá que opten a
los premios las cintas que no cuenten con un protagonista perteneciente a una
minoría racial. El desarraigado “casting” de nómadas blancos de la América
profunda cuya felicidad reside en una furgoneta, hubiera debido incluir un
treinta por ciento de etnias alternativas para ver premiada la labor de su
directora Chloé Zhao, de origen chino, la segunda mujer en la historia que gana
en esa categoría.
“Nomadland” es el
arte de reinventar la poesía filmando actividades tan prosaicas como la
recogida de la remolacha. Las historias de los desheredados de la crisis
económica de 2008 encuentran en la escritura minimalista de Zhao el tono exacto
de su propuesta vital, la elusión de lo superfluo, el elogio de la frugalidad,
convirtiendo la necesidad de vivir en una economía de subsistencia en una
elección compatible con la alegría. En las costuras más injustas del
capitalismo también habita la redención del hombre solo, si te acostumbras a
dormir sin echar de menos un colchón mullido, un cuerpo al costado y sabes dimitir
de la dictadura de la sociedad de consumo.
En este caso, el hombre solo es una mujer, Fern, inolvidable Frances McDormand, cuyo rostro es un lienzo capaz de contarnos las heridas del pasado sin un gesto de más. Frente a las opciones de vida convencional que se le ofrecen en el camino, Fern escoge el estoicismo agreste de la libertad, el sentido telúrico de la existencia y el abrigo de la naturaleza para enfrentar la senda sin miedo, porque no puede haberlo cuando se ha perdido casi todo y tu principal problema es encontrar un sitio en el mundo donde aparcar.
Esta “road movie”
con hechuras de “western” sin malos, no necesita enfatizar su mensaje contra la
explotación laboral que ejercen las grandes corporaciones para hacerse
entender. Los nómadas que la protagonizan son en la mayoría de los casos,
personajes reales que representan al millón de personas que en Estados Unidos ya
no persigue las uvas de la ira y vive en casas rodantes, transitando el reverso
del sueño americano, ése en el que la Navidad se celebra cenando una
hamburguesa en un camping de Amazon en el que no es probable la aparición de
Santa Claus.
Como el soneto dieciocho de Shakespeare que recita Fern ante un joven perdido, “Nomadland” está destinada a perdurar y con ella, la historia de estas gentes sin casa pero no sin hogar, cuya vida está llena a despecho del frío y de las ruedas pinchadas, la intemperie cubierta por la amabilidad de los extraños, la soledad buscada esculpida en plano secuencia. Una filosofía especialmente valiosa para estos tiempos pandémicos en el que nadie está exento de salir malherido de las incertidumbres del destino. Nos vemos en el camino.
martes, 20 de abril de 2021
MIGAJAS EN EL PARQUE
Con motivo del bicentenario del Prado, nuestras autoridades inauguraron recientemente una exposición de las obras maestras de la pinacoteca en el Parque de San Julián. A lo largo de su ala norte, se disponen en paneles del mismo tamaño, fotografías a escala real de los cuadros más famosos del museo, casi todos de un gran formato que excede de la medida del panel, de tal manera que sólo se ofrecen los detalles centrales del cuadro y a veces reproducciones mutiladas, convirtiendo el montaje en un quiero y no puedo impropio de uno de los museos más importantes del mundo que en lugar de repartir por la geografía nacional el exceso de obra que tiene almacenada entre sus fondos, se ha inventado estas migajas para distracción del personal.
La muestra es una metáfora involuntaria de la actitud eterna de las administraciones con ciudades desheredadas de la fortuna como la nuestra, quintaesencia de la denominada España vacía por obra y gracia del abandono permanente a la que la someten los gestores de la cosa pública a cualquier nivel que se tenga a bien escoger. No es que no sea agradable darse una vuelta por el parque de nuestra infancia y dejarse acariciar por la brisa primaveral mientras se contempla cómo los Reyes Magos de Rubens adoran a un Niño Dios ausente de la imagen, pero en una ciudad tan bien dotada como la nuestra en cuestión museística, se echan en falta inversiones reales en materia productiva y sobran bombos y platillos para inaugurar una colección de fotos que podemos encontrar en la enciclopedia de arte que adquirimos en su día, para que sus tomos hicieran juego con las cortinas del salón.
Pasan los años y la ciudad languidece con la excusa final de la pandemia como pretexto óptimo para la inacción. Los proyectos se anuncian y el ciudadano los ve pasar como el que se para en el parque enfrente de “El descendimiento” de Van der Weyden y contempla el desaguisado que se ha cometido con la mágica estructura de la obra, cuya reproducción comparece decapitada de forma similar a nuestras esperanzas en que las promesas publicitadas se conviertan en realidades tangibles. La memoria conquense es pródiga en el recuerdo de las batallas perdidas de la capitalidad, la universidad, las comunicaciones y el desarrollo industrial y sin embargo, el turnismo eterno se enquista en las instituciones, convirtiendo la deseable alternancia política en un instrumento inútil para alcanzar la necesaria regeneración de este lugar.
Como si nuestro destino vagara por la laguna Estigia sin moneda alguna que entregar a Caronte para llegar al paraíso, la accesibilidad al casco antiguo es el último ejemplo de cómo la desidia y el conformismo pueden prolongarse durante ochenta años asolando el porvenir. Desde 1940 llevan nuestros próceres aplicando a esa cuestión la doctrina marxista de Groucho sobre la política como el arte de generar problemas, encadenar proyectos disparatados y encontrar las soluciones equivocadas, cuya ejecución se dilata en el tiempo sin aparente razón. Varias generaciones después, la ciudad parece estar todavía varada en aquella época en cuanto a la contestación social que merece el tratamiento que recibe.
lunes, 10 de febrero de 2020
Y EL OSCAR ES PARA ...
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| RENÉE Y JUDY |
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| RICHARD JEWELL |
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