jueves, 1 de mayo de 2025
FELICES PASCUAS
martes, 1 de abril de 2025
LA FAMILIA POLÍTICA
Entre la justicia y mi madre, elijo a mi madre. La famosa cita de Albert Camus parece inspirar, en otro contexto, la estrategia política reciente en donde el amor a la sagrada familia presidencial anima la acción de los miembros del gobierno, intérpretes disciplinados de la cantinela oficial que trata de socavar, poco a poco, la independencia de los jueces encargados de investigar la probidad de la forma de ganarse la vida de la primera dama y de su cuñado. Para los partidarios de la alternancia política no hay otro remedio que abandonarse a la melancolía al contemplar cómo quienes rigen los destinos de la Comunidad de Madrid se enfangan también para defender al novio de su presidenta, la cual es capaz de llegar a la Moncloa y como Calígula con el caballo, convertir a su consorte en Ministro de Hacienda.
La tensión política entre ambos antagonistas promete hasta las elecciones un duelo por todo lo bajo que de momento, ya ha emponzoñado la imagen de la Fiscalía. Depende, de quién depende, de según como se mire, todo depende, es una canción que el Presidente interpretó ante un periodista de cámara para ponerle banda sonora a un thriller protagonizado por el Fiscal General, encantado de hacer duetos con la voz de su amo para ventilar en público los secretos de un contribuyente. El exceso de celo del defensor de la legalidad por aclararle a la audiencia la verdad sobre la iniciativa de un acuerdo de conformidad, fue un espóiler tan absurdo como revelar a estas alturas que el personaje interpretado por Bruce Willis en realidad está muerto tras la primera secuencia de “El sexto sentido”.
El Fiscal también lo está pero igual que Bruce y Mazón, él no lo sabe. Como el héroe del Ventorro acogido a la clemencia de Abascal, tal vez espera la absolución de Conde Pumpido, cancerbero de la Constitución, presto y dispuesto a cocinar la futura condena condimentando el trampantojo con un lejano parecido a la separación de poderes. Sería el segundo gol por la escuadra en la desvencijada portería del Estado de Derecho, el primero todavía andan celebrándolo los indultados de los “Eres”. El “hat trick” definitivo llegará cuando toque revisar la amnistía, y el “Var” de los once confirme la derrota del Tribunal Supremo, no en vano quien tira las líneas lo hace desde Waterloo.
La democracia lo soporta todo, incluso que el partido en el poder pacte las leyes con un prófugo de la justicia española. También que su número dos colocara a sus queridas en empresas públicas y otorgara a su esbirro la categoría de asesor. El edificio constitucional no se resiente aunque se gestionen las cuentas con un presupuesto que no responde a la voluntad popular de las últimas elecciones. La encargada de presentar el proyecto en las Cortes distrae a las masas degradando el principio de presunción de inocencia a la categoría de legalismo prescindible, el franquismo sociológico que habita en su mente no concibe más derecho de defensa que el de su permanencia en el sillón.
Las excelentes cifras macroeconómicas sirven de coartada a la familia política pero no consuelan a una cuarta parte de la población que sigue en riesgo de pobreza o exclusión social. Algo va mal en el sistema cuando el crecimiento del PIB convive con la falta de futuro de nuestros hijos, que andan buscando vivienda como terraplanistas ilusos persiguiendo el borde del horizonte. Sobrevivir al panorama requiere algo más que unas garrafas de agua, unas latas, la linterna y el transistor. La cosa pública subsiste entre las diatribas de sus gestores a la espera de la próxima catástrofe en la que seremos nuevamente abandonados por su infalible incompetencia para afrontar las pandemias, los volcanes, las riadas o la amenaza de guerra nuclear.
Avanza la cuaresma pero sigue el carnaval.
viernes, 14 de marzo de 2025
TARDES DE SOLEDAD
martes, 26 de noviembre de 2024
EL ÚLTIMO BAILE
miércoles, 6 de noviembre de 2024
RÉQUIEM POR VALENCIA
El empaste perfecto del coro de Carlos Lozano parecía clamar por la coordinación deseable de las administraciones en estos casos en los que el pueblo perece víctima de la incuria y después es desamparado por sus representantes políticos, entregados a la ceremonia de la huida y la elusión de responsabilidades. De nada nos sirven los lutos impostados si al duelo por las pérdidas le acompaña el abandono de ahora mismo y la inacción de décadas asistiendo al mismo panorama de la naturaleza eterna estrellándose contra un urbanismo idiota.
Atacaba la coral el “Lacrimosa” como si todo el dolor de Valencia se hubiera filtrado por las paredes del antiguo templo carmelita hasta llegar a las gargantas vicarias de nuestra tristeza. El estremecimiento del “Dies Irae” parecía ilustrar el sentir de los damnificados voceando su desvalimiento en las ventanas desde las que habían contemplado a la muerte pasar buscando candidatos. Amarrados pese a todo a la fortuna de estar vivos, conteniendo la rabia con vistas al barro, desmenuzaban las horas a la espera de ser atendidos por el Estado, una vez que sus múltiples terminales se pusieron de acuerdo sobre quién asumía las competencias y el coste político de contar a los cadáveres. Junto a los coches amontonados en las aceras y los electrodomésticos varados en las esquinas, el agua se ha llevado por delante la confianza en las instituciones, el concepto de servidor público suplantado por el pueblo que compareció en el puente festivo como un ejército cuya movilización no dependía de estrategia política alguna.
Como la pieza maestra de Mozart, España es un país inacabado más preparado para afrontar la desdicha que para prevenirla, experto en solidaridades y amnésico para exigir justicia, el fracaso frente a la pandemia no nos ha enseñado nada. La estructura administrativa cuya descentralización fue diseñada para ser garantía de eficacia se ha convertido en una maquinaria apta para la colocación de los afines pero incapaz de gestionar las situaciones de crisis, por donde medran sin cesar los aprovechados. Allí donde aparece la tragedia, se hace presente el trepa, el fraude de entonces con las mascarillas es el pillaje de ahora sobre un fondo de lodo que todo lo cubre.
La máquina del fango era en realidad esta querencia de nuestras autoridades por culpar al adversario y esgrimir la cogobernanza como coartada de las negligencias propias y ajenas conformando un panorama de absoluta inoperancia política, en el que los jerifaltes del sistema se pasean por el escenario del cieno como si el sufrimiento del pueblo fuera también el suyo. Su única preocupación en este tiempo de infortunios es ocultar su falta de aptitud para la gestión del desastre y seguir en el poder hasta que la indignación escampe. El limo que quedará cuando todo haya pasado fertilizará de nuevo la codicia cuando se apague el hedor, antes de la próxima riada.











